Como cada noche, me cuesta dormir y escribo. Lo hago porque es la única manera de fabricar el mundo que me gusta, o por lo menos evadirme del que me disgusta. Por eso dicen que para escribir hay que estar triste, o enfadado, o ambas cosas; hoy no lo estoy. La verdad es que soy muy afortunado; sólo tengo que encender la televisión, o simplemente mirar a mi alrededor para ver que, en realidad, tengo muchos motivos para ser feliz, pero sin embargo me cuestiono si realmente lo soy.
Creo que la felicidad de una persona radica en si está satisfecho con su forma de vivir, con la forma de aprovechar o desaprovechar cada uno de los instantes de la vida, y ahí es donde creo que falla la mía. Intento vivir la vida día a día, sin desperdiciar ni un solo minuto, pero aún así siento que no lo hago de la forma que me gustaría. Quizá esto se deba a ciertas ataduras personales, o profesionales, sumado también a unas cuantas emocionales. Estas últimas son las que posiblemente hagan más daño, son las que, a fin de cuentas, terminan convirtiéndose en un yugo que se hace pesado con el tiempo y aunque luches por deshacerte de ellas, cuando crees que eres libre, sin previo aviso te hacen volver a sentir el frio del candado que te mantiene preso a ellas.
La historia se parece cada vez más a aquella que aprendí de pequeño, aquella en la que un pobre mendigo, andando por la calle, lloraba porque no tenía zapatillas. Más tarde, al doblar la esquina, se encontró con un hombre que, mutilado de guerra, no tenía pies…
Empiezo a plantearme si realmente nos quejamos por vicio o si, por el contrario, en la vida debemos ser algo inconformistas.
Autor: lalunadecristal.
…me has hecho llorar…
Por: Celia el Septiembre 6, 2009
a las 1:02 pm